Fracasa el intento de formar un nuevo Gobierno en Rumanía
Bucarest. – El Parlamento de Rumanía rechazó este miércoles al conservador-liberal Siegried Muresan como nuevo primer ministro y su propuesta de un nuevo Gobierno, lo que prolonga por tiempo indefinido la crisis institucional que vive el país desde mayo pasado.
Los 182 votos de apoyo que recibió Muresan quedaron lejos de los 233 que necesitaba para su aprobación, después de haber sido nominado el pasado día 17 por el presidente del país para el cargo con el objetivo de poner fin al prolongado periodo de inestabilidad causado por la destitución del actual Ejecutivo en funciones.
De los 321 parlamentarios presentes en el hemiciclo —de 464 escaños en total—, 15 votaron en contra y el resto, pertenecientes al socialdemócrata PSD y al ultranacionalista AUR, se abstuvieron.
Segundo intento fallido
Se trata del segundo intento fallido de formar gabinete desde que el Ejecutivo liderado por el también conservador Ilie Bolojan cayera hace cinco meses tras una moción de censura promovida por socialdemócratas y ultranacionalistas.
Previamente, en junio, el liberal Adrian Veștea tampoco logró obtener la confianza de la Cámara.
Con este segundo rechazo consecutivo, la Constitución rumana faculta al jefe de Estado a disolver el Parlamento y convocar elecciones anticipadas, aunque no se trata de una obligación legal y el presidente Nicusor Dan busca evitarlas a toda costa.
De celebrarse ahora comicios, las encuestas sitúan como ganador al partido de extrema derecha AUR, con cerca del 36 % de los votos, seguido del conservador PNL (23 %), la formación de centro USR (8 %) y la UDMR, partido de la minoría húngara (5 %).
Dan reiteró en la víspera que unas elecciones anticipadas no son una solución, puesto que únicamente prolongarían la inestabilidad política y la desconfianza tanto de la ciudadanía como de los mercados financieros.
Rumanía se encuentra inmersa en la peor crisis política de la era poscomunista, en un contexto económico delicado marcado por la recesión técnica, un déficit fiscal crítico que superó el año pasado el 7,9 % del PIB —el más alto de la Unión Europea— y una inflación persistente entre el 7 % y el 8 % que erosiona el poder adquisitivo de la población.
Fuente: Agencia EFE
